Algunas floristerías se construyen pensando en el negocio. Otras, como Star Rosescomienzan como algo más personal, como un legado en ciernes. Enclavada en lo alto de los valles andinos de Ecuador, esta plantación de rosas no es sólo un nombre más en el panorama de la floricultura. Es una historia. Una que empezó en 2007, con un apretón de manos entre padre e hijo y el sueño compartido de hacer las cosas de otra manera.
Ese padre fue Francisco Negrete, el primer hidrogeólogo de Ecuador. Francisco, un hombre con tierra bajo las uñas y agua en la cabeza, había pasado años perforando pozos y conociendo la tierra. Su hijo, Diego, aportó la visión para convertir ese conocimiento en algo floreciente. Juntos no se limitaron a poner en marcha una granja. Construyeron una cultura de tranquila confianza, orgullosamente ecuatoriana y, sobre todo, familiar.
"Para nosotros, las flores no son un producto, sino una declaración de quiénes somos", afirma Diego Negrete, Director General. "En Star Roses, nos comprometemos a hacer las cosas de forma diferente, no sólo para destacar, sino para representar algo".
En Star Roses, cultivamos con un propósito
Situada en más de 80 hectáreas en la sierra de Ecuador, Star Roses es todo detalle. No es sólo la altitud lo que da a sus rosas una ventaja, sino el cuidado que hay detrás de cada tallo. Desde la elección de variedades que despiertan emociones hasta la puesta a punto de técnicas de poscosecha que preservan la perfección, ésta es una finca que trabaja con un propósito. Diego lo expresa de forma sencilla: "En Star Roses, su palabra lo es todo. Lo que prometemos, lo cumplimos. Es una cuestión de principios".
Eso se nota en la forma en que el equipo habla de la calidad, no como si fuera una palabra de moda, sino como si no fuera negociable. Ya sea invirtiendo en sistemas de nanoburbujas de oxígeno para mejorar la salud de los tallos o construyendo un espacio dedicado exclusivamente a las rosas tintadas, no escatiman en gastos. Están creando esquinas que merecen la pena.
El alma de la rosa
Pregunte en el sector y oirá hablar mucho de sus más de 200 variedades de rosas, desde las de jardín y las pulverizadas hasta las estándar, que se imponen en cualquier escenario mundial. Pero lo que realmente destaca es el sentimiento que hay detrás de todo ello. Esa rara mezcla de precisión y corazón. "Star Roses no es una marca, es una historia de legado, visión y excelencia", dice Diego. "Cada rosa que cultivamos refleja nuestro profundo compromiso de crear algo inolvidable".
Se nota en la gama de productos. Sólo en 2025, Star Roses introducirá 30 nuevas variedades adaptadas a los diseñadores florales de todo el mundo: elegancia con un toque especial o rosas que funcionan igual de bien en la carga que en el jarrón. No persiguen tendencias, sino que les dan forma.
Rosas tintadas, reimaginadas
Y luego está su patio de recreo tras la cosecha: las rosas tintadas. Lo que empezó como un simple experimento hace cuatro años se ha convertido en toda una categoría propia, con más de 400 diseños exclusivos. Han recreado momentos de moda, jugado con historias estacionales e incluso se han sumergido en la cultura pop con su diseño Barbie Star.
Pero no se trata sólo de color. Se trata de control. Al construir una zona de post-cosecha personalizada dedicada a estas creaciones, Star Roses ha establecido un nuevo estándar en el arte de la transformación. "Esto no es sólo una rosa tintada", dice Diego. "Es una creación sin igual".
Y sí, ese es su eslogan. "No hay nada igual". Una afirmación audaz, pero con la que se sienten muy cómodos.
Más que flores
En la floricultura no se mantiene la relevancia siendo un pony de un solo truco. Y Star Roses nunca se ha limitado a cultivar cosas. Se trata de cultivar bien. Su apuesta por la sostenibilidad está firmemente respaldada por certificaciones serias como Rainforest Alliance y Flor Ecuador, y se basa en la conservación del agua, la reducción de productos químicos y las prácticas circulares que realmente tienen sentido sobre el terreno.
Francisco, ahora presidente de la empresa, lo explica mejor: "Nuestro propósito se basa en dejar este mundo -y nuestra comunidad- un poco mejor de cómo lo recibimos".

Incluso tienen un equipo dedicado exclusivamente a su Sistema Integrado de Gestión, lo que dice mucho de la seriedad con la que se toman las mejoras. No sólo para las rosas, sino también para quienes las cuidan.
Una marca con columna vertebral
Star Roses no intenta ser llamativa. Su fuerza reside en la coherencia, la historia y esa mezcla difícil de fingir de humildad y confianza. Saben de dónde vienen. Y saben hacia dónde se dirigen: hacia un marketing audaz, catálogos interactivos y experiencias digitales diseñadas para conectar, no sólo para transmitir.
La narrativa es cada vez más profunda. ¿Y las colaboraciones globales? Digamos que no piensan quedarse callados. "No seguimos tendencias, las creamos", afirma Alejandra Jarrín, Directora de Marketing de la marca. Y, sinceramente, parece cierto.

En una época en la que la floricultura se centra en la búsqueda de la próxima gran novedad, Star Roses hace lo que siempre ha hecho: cultivar con un propósito, liderar con esmero y construir algo que, bueno... no tiene nada que se le parezca.