Torre Mata Atlântica es un excelente ejemplo de arquitectura verde (¡y biofílica!) dentro del complejo Cidade Matarazzo de São Paulo (Brasil). Más que una urbanización de uso mixto, esta torre muestra fachadas vivas que traen la esencia de la Mata Atlântica a la urbanidad de la ciudad. El edificio está envuelto en vegetación y ofrece un enfoque de diseño moderno respetuoso con el medio ambiente.
Naturaleza a todos los niveles en las capas de Torre Mata Atlântica
Con frondosas fachadas que evolucionan con las estaciones, la Torre Mata Atlântica renombra la forma en que la arquitectura puede coexistir con el mundo natural, transformando el perfil de la ciudad en un espacio habitable más integrado en la naturaleza.
Creado por los Ateliers Jean Nouvel, una importante premisa guió la arquitectura paisajística del complejo Cidade Matarazzo. Debía desempeñar un papel tan destacado como los propios edificios. En consecuencia, su propósito era poner orden en el caótico emplazamiento, formado por varios tipos de edificios, algunos de principios del siglo XX y otros de nueva construcción. En todo el complejo, la vegetación llena los vacíos del juego de volúmenes. En este contexto surgió el concepto de Torre Mata Atlântica, con grandes terrazas escalonadas decoradas con árboles que evocan las verdes laderas de la Serra do Mar.
Esculpir lo salvaje - La visión botánica de Torre Mata Atlântica
Una gruesa arboleda en el patio delantero protege la intimidad de los residentes y oculta a los peatones el gran volumen del edificio. En las plantas 10, 16 y 21 del edificio, donde se encuentran las terrazas más grandes, se instalaron enormes jardineras elevadas. Toda la zona de la planta 27 es un jardín. Además, todo el volumen del edificio está salpicado de vegetación, ya que jardineras medianas y grandes jarrones adornan los balcones de los apartamentos. El resultado es una estructura mutable y cuyo carácter es difícil de predecir.

Plantar árboles en los rascacielos ha sido una tendencia explorada por la arquitectura en la última década, tanto por su atractivo estético como por su simbolismo medioambiental. Sin embargo, este tipo de situación siempre conlleva una serie de riesgos mayores, en relación con el control de las raíces, la caída de ramas o el propio árbol. Y, en el caso de una torre de más de cien metros de altura y con árboles maduros, estos riesgos son aún mayores. Entonces, para permitir la ejecución del proyecto con un nivel aceptable de seguridad, fue necesario realizar estudios en profundidad de los riesgos y desarrollar soluciones para minimizarlos.

Los árboles se seleccionaron en función de su resistencia al viento, un factor crucial. Para ello, se desarrollaron modelos computacionales de varias especies autóctonas. En condiciones de vientos extremos, la simulación tuvo en cuenta la resistencia de la madera, la disposición típica de las ramas y la forma habitual de la copa y el follaje. Las especies se colocaron en el edificio en función de sus características tras ser evaluadas y aprobadas.
¿Arquitectura basada en plantas naturales? Seguro que es un éxito mundial.
Fotos de Eduardo Castello, Eduardo Ikoma y Maíra Acayaba.