Al salir de la escuela, Tracey se formó como florista y aprendió bajo la tutela de las conocidas floristas Susan Avery y Alison Coates. Durante este periodo, Tracey pudo investigar la flora autóctona australiana en todo su desinhibido esplendor. Empezó a utilizar palos, hojas, ramas y todo lo que caía en sus manos para crear obras de arte tridimensionales con una sensibilidad exclusivamente australiana. Con el tiempo, Tracey empezó a trabajar por su cuenta como florista, mientras continuaba con sus proyectos de escultura floral. Sus esculturas empezaron a crecer y crecer, y pronto se encontró realizando instalaciones a gran escala. En la actualidad, Tracey realiza encargos escultóricos privados junto con su trabajo como florista. Sus impulsos creativos provienen de su infinita fascinación por el paisaje autóctono australiano, una pasión que sigue aportando a Tracey mucha alegría y asombro.