En la floricultura está teniendo lugar una conversación que la mayoría de nosotros preferimos evitar. Es incómoda, afecta a la política y requiere que hagamos algo que no es natural para muchos cultivadores y floristas: hablar en voz alta y en público cuando algo está mal.
Hace poco me senté con Geesje Rotgers, periodista de investigación y cofundadora de AgriFacts, para el episodio 59 de mi podcast Goede Bloemen en Goede Planten. Lo que compartió en esa conversación se me ha quedado grabado. Cambió mi forma de pensar sobre la responsabilidad que tiene nuestro sector, no solo de cultivar flores y plantas hermosas, sino de defender la verdad sobre cómo lo hacemos.
Los viejos consejos eran erróneos
Durante años, la sabiduría imperante en la horticultura ornamental holandesa se plasmaba en una sola frase:"Als je geschoren wordt, moet je stilzitten". Traducido a grandes rasgos: "Cuando te esquilen, quédate quieto y deja que pase". No reacciones. No te involucres. Ya pasará. Siempre me ha parecido un enfoque equivocado, y la respuesta de Geesje a ese consejo es directa. Es un error. Y la evidencia, argumenta, está en todas partes. Y estoy de acuerdo.
Cuando las afirmaciones falsas o exageradas sobre residuos de pesticidas, contaminación del agua o prácticas de protección de cultivos quedan sin respuesta, se consolidan en la narrativa pública. Influyen en la política. Acaban en leyes que restringen lo que los agricultores pueden hacer, sin ninguna base científica significativa que respalde la afirmación original. Cuando el sector reacciona, el daño ya está hecho. Su principal recomendación es sencilla: cuando algo es incorrecto, hay que decirlo. Rápidamente. Por su nombre. Con pruebas.
Lo que cuesta realmente el silencio
Geesje compartió varios casos de su investigación que ilustran lo caro que puede resultar el silencio para los sectores del cultivo agrícola y ornamental.
Una de las más llamativas se refería a las mediciones de la calidad del agua y las franjas de protección. Desde 2023, los cultivadores holandeses están obligados a mantener zonas tampón a lo largo de los cursos de agua, una medida introducida para reducir la escorrentía de fertilizantes y productos fitosanitarios. AgriFacts recopiló datos de mediciones de varias juntas de aguas correspondientes a 2023 y 2024. El resultado: ninguna mejora apreciable en la calidad del agua. La política nacional se había implantado en todo el país sin pruebas a pequeña escala, y el RIVM, el instituto nacional holandés de salud y medio ambiente, no encontró ningún efecto.
Los cultivadores habían estado preguntando a sus juntas locales de aguas qué impacto tenían realmente las franjas de protección. No obtuvieron respuesta. La política se mantiene. Los costes se mantienen. La opinión pública seguía intacta.
Este patrón, explica Geesje, no es accidental. Es estructural.

Cómo funciona el sistema frente al sector
La dinámica que describe Geesje resultará familiar a muchos miembros del sector británico y europeo de la floricultura. Las ONG, explica, son expertas comunicadoras. Las historias matizadas no consiguen donaciones. Los villanos claros sí. Un titular que diga que un ramo de tulipanes contiene trazas de una sustancia restringida viaja mucho más rápido y más lejos que una explicación cuidadosa del contexto, los umbrales o la diferencia entre presencia de trazas y riesgo significativo.
La financiación de la investigación sigue la misma lógica. Los estudios que giran en torno a las preocupaciones del público atraen dinero. Los estudios que complican o cuestionan esas preocupaciones no lo hacen. Los investigadores que desafían una narrativa políticamente conveniente se han visto marginados, presionados o silenciosamente desfinanciados.
Los presupuestos de los medios de comunicación se reducen. La capacidad de investigación es escasa. Las historias rápidas y simplificadas ganan el ciclo informativo. Y para cuando se publica una refutación cuidadosa, la historia original ya tiene tres ciclos de noticias. Nada de esto es una conspiración. Es un sistema. Y el sector de las flores y las plantas, en su mayor parte, ha jugado totalmente al margen de él.
Cómo es una buena respuesta
Geesje no pide agresividad ni actitud defensiva. Pide rapidez, especificidad y persistencia. Cuando aparezca en los medios de comunicación una afirmación incorrecta, póngase en contacto directamente con el editor, el periodista o el programa. Señale el error concreto. Explique lo que realmente es cierto. Pida una rectificación. Si la afirmación la ha hecho una persona, diríjase a ella por su nombre en la respuesta. No se trata de una confrontación. Es honesto y necesario.
Señala a LTO, la asociación agrícola holandesa, como ejemplo positivo. Responden a la desinformación en dos días. No dos meses. Dos días. Esa rapidez importa. Indica que el sector está atento, comprometido y que no permitirá que se cometan errores. Con el tiempo, cambia el comportamiento. Los periodistas y comentaristas se vuelven más cuidadosos cuando saben que es probable una refutación rápida y con recursos.
También señala un punto con el que merece la pena quedarse: el primer año de empuje es el más duro. Las críticas son feroces. La presión es real. Pero las organizaciones y personas que persisten durante ese primer año descubren que el volumen de ataques disminuye. El mensaje cala: este sector ya no permanecerá en silencio.
Qué significa esto para los floristas
Si usted trabaja en el sector de la floricultura, se preguntará qué tiene que ver todo esto con usted. Usted no es cultivador. No ha aplicado ningún producto fitosanitario. Usted sólo vende las flores.
Pero usted es la cara del sector ante el público. Cuando un consumidor lee un titular sobre pesticidas en los ramos de flores y entra en su tienda, se lleva ese titular consigo. El daño a la reputación no se queda en la granja. Llega hasta el mostrador de la floristería.
Por eso, la respuesta que pide Geesje debe ser colectiva. Cultivadores, exportadores, mayoristas, asociaciones comerciales, minoristas y, por supuesto, floristas, todos tienen un interés en cómo se presenta el sector. Cuando una afirmación falsa queda sin respuesta, cada eslabón de la cadena absorbe parte del daño.
El sector mundial de la floricultura no es inmune a esta dinámica. Las conversaciones sobre pesticidas, narrativas de sostenibilidad e imagen pública en los Países Bajos ya están empezando aquí. Y la elección es la misma: responder con hechos y rapidez, o quedarse callado y dejar que otros definan su industria por usted.
Un sector que cuenta su propia historia
Lo que más me impactó de mi conversación con Geesje no fue una sensación de alarma, sino de posibilidad. El sector de la floricultura tiene mucho que contar. Se han hecho enormes progresos en sostenibilidad, certificación, innovación en protección de cultivos y abastecimiento responsable. Ese progreso es real. Está documentado. Merece ser comunicado.
Pero el buen trabajo, hecho en silencio, en invernaderos que el público nunca visita, no genera su propia narrativa. Alguien tiene que contar la historia. Y cuando aparecen historias falsas, alguien tiene que corregirlas. Geesje Rotgers lleva más de una década haciendo exactamente eso, en gran parte sola, con un pequeño equipo y mucha determinación. Su mensaje al sector no consiste en dejar ese trabajo enteramente en manos de periodistas como ella. Se trata de dar la cara, alzar la voz y dejar de asumir que el silencio es seguridad.
No es así. Y podemos hacerlo mejor.